Comer y dormir

A veces, algunas madres de tu entorno,  se ponen muy pesadas con que empieces a introducir papillas. En mi caso fue mi suegra, que a los 2 meses y pico ya estaba dando por saco con el tema de las frutitas. Que si ¿ya le das papillas de frutas?, que si ¿cuándo le piensas dar papillas de frutas?, que si ¿no deberías estar dándole ya papillas de frutas? A lo que yo ya contestaba una y otra vez y con desgana: "Pues ¿yo que sé? Cuando me lo diga el pediatra"

Y llega la revisión de los 4 meses, y BINGO! Hay que introducir papillas de frutas y de cereales. Y te lo dicen así, sin más, como si fuera tan fácil, y te vas con la idea de: bueno, pues esta tarde cuando llegue a casa le hago una papillita. ¡Chachi! ¡Qué ilusión! ¡Su primera papillita!

Pero no te dicen que es una batalla muy ruidosa que vas a perder, y que el resultado va a ser que tú te vas a comer la papilla que no haya acabado ya en tu cara y en tu ropa.

ZZZZZZzzzzzz... zzzzzzZZZZZZ... ...zz ZZ..

Suena un teléfono, papá llega a casa del trabajo dando un portazo, un perro ladra, son las malditas fiestas de tu barrio...

¡SSSssssshhhh! ¡Mierda, que se despierta el bebé!

Y saltas inmediatamente como si te hubieras sentado en una plancha para freír hamburguesas al rojo vivo, y dejas lo que quiera que estuvieras haciendo para dirigirte a toda velocidad, pero a la vez con todo el sigilo posible, hacia la fuente de ese ruido proveniente de los mismísimos infiernos para erradicarlo de raíz en la medida de lo posible.

¿Te suena? Con lo que cuesta que se duerma, y lo mucho que valoras ese momento de calma y serenidad para tí.

En esta sección trataremos estas dos peliagudeces.

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